viernes, 8 de febrero de 2008

Las malas amistades y los malos amores.

Todo se ha dicho del buen amigo, de aquella persona leal, considerada, generosa, respetuosa y que, con su presencia , hace feliz nuestra existencia.

Pero nadie se acuerda del “mal amigo”, sí, de ese que tantos problemas y amarguras nos trajo, ese que nuestra familia no toleraba, ese que nos mostró todo lo malo que puede tener no escoger mejor con quien nos juntamos.

Con el tiempo y algo de experiencia, he llegado a la conclusión que el “mal amigo” puede llegar a ser el que más provecho nos deja, porque es el que nos enseña, incluso con dolor y lágrimas de decepción, lo que no queremos en nuestra vida, lo que no queremos ser.

Por eso estoy eternamente agradecida con mis malas amistades:

Con aquella amiga de la infancia que al crecer adoptó el libertinaje sexual del que se enorgullecen los hombres, pero que no se tolera en las mujeres. Gracias por mostrarme que lo que hacías era porque te gustaba, gracias por sacarme del engaño de tu falsa pose de víctima al decirme que realmente, no te importaba si el amante de turno era mi novio, gracias por tu cínica sinceridad.

Con aquella compañera de la universidad a la cual apoyé para lograr una participación más equitativa en la representación estudiantil de la facultad, y a la que en un momento de necesidad le pedí me cubriera en mi trabajo por unos días y se borró del planeta, gracias a ella por mostrarme que la gente es interesada y solo le gusta recibir, gracias por enseñarme a no ser tan desprendida.

Con aquellos amigos de fiestas de fin de semana, y de toda la semana, gracias por enseñarme que si me fugo de clases es más difícil hacer el trabajo de fin de bimestre y que igual debía hacerlo mientras ustedes dormían una nueva resaca, gracias por mostrarme que eran buenos para mi vida social pero totalmente inútiles para la profesional, gracias por enseñarme que no tolero las frustraciones de un alumno vago, gracias por mostrarme que necesito equilibrio entre el trabajo y la diversión.

Con aquellos amigos que sobornaban profesores para pasar de semestre, gracias por mostrarme la mediocridad humana, de ustedes como estudiantes y de los otros como profesores, gracias por hacerme notar que la corrupción me da náuseas.

Y si de amores se trata solo valoramos al amor ideal, ese que es perfecto y soñamos ser felices si lo encontramos, y sufrimos si no lo hacemos, pocos recordamos a los malos amores, ésos los dolorosos, los que juramos olvidar con alguna canción morelia y una copa.

Pero ellos también nos dejaron enseñanzas valiosas que con el tiempo hicieron más fácil nuestra vida y también nuestras relaciones:

Gracias al primero y a su madre, por enseñarme que no me gusta cargar con las culpas de nadie y menos por un examen supletorio que no era mío.

Gracias a ese enamorado pobre y sin recursos para una mejor educación, gracias por enseñarme que de amor no se come, y que hay diferencias y complejos que son muy difíciles de superar, gracias por darme la oportunidad de valorar mis sueños y hacerlos realidad por mí misma.

Gracias a esos enamorados de corta y cortísima duración, gracias a ustedes por enseñarme lo bonito del romance sin futuro.

Gracias sobretodo al penúltimo, a ese amado con la locura lacrimógena de un poema de Sor Juana de la Cruz, por enseñarme lo que no quería en un compañero de vida, gracias por haber sido el peor de los hombres y la enciclopedia de los vicios humanos, gracias porque así puedo valorar y amar con justicia al hombre extraordinariamente bueno que tengo a mi lado.

Gracias a todos ustedes, amores, amigos, bueno y malos, porque sin su paso por mi vida no sería tan feliz y tan plena como lo soy ahora.

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